viernes, 23 de abril de 2021

Dia del libro en A.F.A Alcrebite

Mantener la mente activa es fundamental para preservar las funciones cognitivas en la tercera edad. Aunque la lectura es un buen hábito, tengamos la edad que tengamos, leer es una forma de proteger el bienestar mental de las personas mayores. 

Leer juega un papel importante a la hora de mantener la actividad cognitiva de las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer. A pesar de que la capacidad lectora es uno de los procesos que se pierden más tarde, estos/as dejan de leer porque no pueden mantener la atención en el relato o en la historia que tienen delante. De hecho, muchos/as abandonan la lectura porque pierden el hilo de lo que están leyendo y se cansan. 

Para motivar e instaurar el hábito de la lectura en este colectivo compartimos las siguientes pautas:

  • Los enfermos/as en estado leve pueden leer relatos cortos, cuentos o noticias de prensa.
  • Los enfermos/as en estado moderado pueden leer poesía, fábulas o historias cortas con pocos personajes. 
  • Los enfermos/as en estado grave pueden leer palabras o frases escritas con claridad. Reaccionan muy positivamente a los dichos populares, refranes y a la lectura significativa, es decir, a lo que signifiquen algo en su vivencia personal.
Por todo lo dicho, en Afa Alcrebite hemos querido conmemorar el día del libro inventado un cuento entre todas nuestras personas usuarias. Esta actividad ha fomentado el trabajo en grupo, las habilidades comunicativas, la imaginación y la motivación por la lectura, además de visibilizar alguno de los problemas que muchas veces quedan ocultos en esta enfermedad. 

Aquí dejamos algunas fotos de la actividad realizada:

                                               
 Josefina Mesas en talleres leyendo nuestro cuento.

     
Carmen Morenate en talleres leyendo nuestro cuento.


Alcrebite motivando la lectura en casa de nuestras personas usuarias.

                            
                                 Alcrebite motivando la lectura en casa de nuestras personas usuarias.


Encarna Rodríguez leyendo nuestro cuento en talleres.


José Antonio Lázaro leyendo un libro en nuestros talleres de Cúllar.


Ramona García en nuestros talleres de Cúllar leyendo un libro.

Por último, queremos compartir nuestro cuento:

    ¿Qué le pasa a la abuela María?

    Estaba Darío sentado bajo la espesa sombra del viejo roble. Su perrito Toby jugaba alegremente con él, moviendo su colita invitándole a jugar. Darío estaba un poco triste observando a su abuela
María balanceándose en su gastada mecedora en el porche del caserón. Al compás del balanceo, a su mente le llegaban imágenes de su niñez. Pensó en sus juegos divertidos en aquel amplio prado repleto de vida. María era amiga de los animales, especialmente de su loro Pepito, que siempre la acompañaba. Por la mente de la abuela también se paseaban las imágenes de los duros trabajos y esfuerzos que el campo requería. En su mente jugaba el recuerdo y el olvido. Darío se dio cuenta de la expresión
perdida de su abuela y decidió ir a preguntar al abuelo Cándido.

 - ¿Abuelo que le pasa a la abuela que está sentada mirando a ninguna parte?
 - Qué está cansada
 - ¡Eso no puede ser, sino está haciendo nada!

    El abuelo cogió a su nieto de la mano y se fueron a pasear. Cándido le contó que la abuela estaba malita. Que su cerebro tenía una enfermedad dónde los recuerdos iban desapareciendo y su memoria
disminuyendo.

- ¿Y qué podemos hacer abuelo? Yo no quiero que ella se olvide de mí.
- No te preocupes Darío. Nuestro cariño y nuestra ternura siempre la tendrán cerca de nosotros.

    Darío se quedó pensativo, recordando cosas que le gustaban de su abuela María, como sus buenas comidas, sus paseos, su música; aquella que recordaba haberla visto cantar, y sobre todo sus besos y abrazos. Desde aquel día, nieto y abuela salían a pasear juntos al riachuelo dónde fluían constantemente momentos mágicos entre ambos.

    Un día María no estaba dispuesta a dar paseos ni a hablar con nadie, ni siquiera ver a su nieto. Este se puso triste, pero pronto reaccionó y se puso a pensar. Recordó aquella canción que su abuela siempre cantaba cuando hacía las tareas de la casa. Busco la canción y la puso de fondo en el salón. Poco a poco su semblante cambió. En la expresión de su cara se dibujaba una breve sonrisa, la cuál invitó a Darío a rodear su cuello, abrazarla y besarla. María cogió de la mano a su nieto y se encaminaron a dar su paseo. Los besos y los abrazos nunca se olvidan, dan fuerza y vigor. Sobre todo, aquellos besos que se dan con intensidad a seres queridos, que los reciben con necesidad.

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